Archivo Almacenero #02 · Britpop
Cool Britannia
«Cuando UK volvió a mirar hacia adentro»
Hubo un momento en los años noventa en que el Reino Unido decidió que ya no necesitaba mirar hacia Estados Unidos para saber quién era. Ese momento tuvo nombre, bandera y banda sonora. Y esa banda sonora todavía suena como si algo importante estuviera a punto de ocurrir.
IEl contexto
A mediados de los noventa, el Reino Unido atravesaba una transformación cultural sin precedentes. El largo invierno thatcherista había terminado, Tony Blair llegaba al poder con una promesa de modernidad y optimismo y, de repente, todo lo británico —la moda, el arte, el cine, la arquitectura— volvía a ser sinónimo de vanguardia. La prensa lo bautizó «Cool Britannia»: una reedición del «Swinging London» de los sesenta, pero con más electricidad y más guitarras.
En el centro de ese fenómeno estaba el Britpop. No era solo un género musical: era una declaración de identidad. Frente a la hegemonía del grunge americano, bandas como Oasis, Blur, Pulp y Suede respondieron con melodías que bebían del pop británico clásico —The Beatles, The Kinks, The Small Faces—, pero con la urgencia y el descaro de una generación que tenía algo que decir. La rivalidad entre Oasis y Blur no era solo comercial: era filosófica. Y el público lo sabía.
El Britpop duró lo que duran las cosas que arden con demasiada intensidad. Para 1997, el ciclo empezaba a agotarse. Pero lo que dejó —en discos, actitudes y canciones que todavía cierran pubs en Sheffield y Manchester— es uno de los capítulos más ricos de la historia del rock.
IILa segunda edición
Llevar el Britpop a Almacenero planteó un reto curatorial que no tenía equivalente en la primera edición. El indie rock de los 2000 era un género vasto, con decenas de bandas de perfil similar. El Britpop, en cambio, es un movimiento acotado, con un panteón relativamente definido y un universo reducido de artistas que realmente marcaron un hito. La restricción de un artista, una canción añadía una capa de precisión adicional: cada elección consumía un slot que no podría repetirse.
En algún momento estuvo sobre la mesa ampliar la temática a «Britpop y UK Hits de los 90» para tener más margen de maniobra. La tentación era comprensible. Pero el archivo tiene criterio, y el criterio dice que una edición con identidad vale más que una edición cómoda. Finalmente, el material encontrado dentro de los límites estrictos del movimiento fue suficiente —y suficientemente bueno— para sostener cuatro horas sin concesiones.
IIIDe la curaduría
El desafío principal no era qué incluir, sino cómo ordenarlo. El público de Almacenero conoce los hits del Britpop —Oasis, Blur, Pulp, Suede—, pero no necesariamente las bandas que construyeron el movimiento desde los márgenes. Programar una noche entera con artistas mayoritariamente desconocidos para el oyente limeño era un riesgo real de desconexión. La solución fue arquitectónica: intercalar, con habilidad, momentos de familiaridad entre bloques de descubrimiento.
Principio rector: cada tres canciones de nicho, un hit reconocible que reenganchara a la audiencia y le recordara por qué estaba ahí. La familiaridad no como destino, sino como ancla.
Tres decisiones definen el carácter de esta edición:
Apertura
La playlist abre con «Generation Sex» de The Divine Comedy: una canción prácticamente desconocida en el radar general, pero con una intro que engancha y una letra que es una parodia mordaz a las nuevas generaciones. Es una apertura que dice esto no va a ser lo que esperas, sin perder al oyente en los primeros treinta segundos. A partir de ahí, los hits de reenganche llegaron dosificados: Kula Shaker, Cornershop, The Farm, Primal Scream, The Soup Dragons, Elastica, Shampoo.
El bloque de voces femeninas y el giro hacia el core
Entre Theaudience —la banda indie de Sophie Ellis-Bextor, autora de «Murder in the Dancefloor», y Republica se construyó un bloque de ocho voces femeninas consecutivas —un guiño interno a la diversidad que el Britpop tuvo y que pocas veces se reconoce. El bloque cerró con «Ready to Go» de Republica: la canción perfecta para iniciar el corazón de la noche, por su energía y por la ironía de su título, como un reto lanzado a la audiencia. Lo que vino después fue el momento de mayor intensidad emocional del evento: Travis, Placebo, The Stone Roses, Oasis, Pulp, Supergrass, Blur, Suede, The Lightning Seeds y James, uno tras otro, sin pausa.
Cierre
El descenso se construyó con pincelazos de nervio rock —Ash, Gay Dad, Marion— mezclados con hits de peso emocional: «A Design for Life» de Manic Street Preachers y «Lucky Man» de The Verve. La playlist cerró con «Goodnight» de Babybird: otro guiño en el título, otra despedida que no necesita explicarse. El archivo cierra cuando dice buenas noches.
IVLa noche
El jueves 26 de febrero, Almacenero se convirtió por cuatro horas en algo que Lima no tiene: un pub británico de los noventa con cerveza artesanal y sin pretensiones. 62 canciones, un movimiento entero comprimido en una noche, y un público que llegó sin saber exactamente qué esperar y se quedó coreando canciones que no sabía que todavía recordaba.
Eso es lo que hace una curaduría bien construida: no te lleva a donde ya estabas, te lleva a donde no sabías que querías ir.
La playlist completa
Si estuviste ahí, tu memoria es parte de este archivo.
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